El empobrecimiento del vocabulario nos rodea de forma cotidiana en los lugares menos pensados: escuelas, universidades, diarios, revistas e incluso en los insospechados libros.
Es un problema por el cual los escritores, maestros y quienes están relacionados con la lengua y sus virtudes se vienen alarmando desde hace mucho tiempo. Ya en la época de Cervantes, aproximadamente a finales del 1.500, con una lengua castellana muy anticuada, la falta de vocabulario y el mal empleo de la gramática era algo muy común. Se puede asegurar que los tiempos cambiaron, pero en la actualidad no hay muchas mejoras al respecto.
No hay distinción de clases sociales, de religiones ni de razas, todos debemos comunicarnos, para ello tenemos los idiomas y las palabras que la constituyen. Nos ayudan a mostrar lo que sentimos y pensamos, pero día a día sin darnos cuenta cada vez las utilizamos menos. No es que no nos comuniquemos, al contrario, en medio de la era de la comunicación instantánea y sin fronteras, esta se multiplicó con un defecto: la mayoría de las personas sólo utiliza un poco más de mil palabras, cuando hay para elegir un total de 84 mil.
La mayoría adjudica este comportamiento a los medios de comunicación y a la tecnología, por destituir a los libros e imponer nuevas palabras o formas de hablar. Sin embargo, otros dicen que se trata de una renovación cultural que es impuesto por jóvenes y que siguen adultos y niños por igual. Lamentablemente, lo que debería ser evolución se transforma en involución, porque en vez de renovar y cambiar términos “de moda”, lo que se hace es olvidar el uso de muchas palabras y magnificar otras que no abarcan todo lo que queremos decir. Esto se nota en las frases que decimos, leemos o pensamos, no siempre tienen ese “peso” que debería tener.
También se utiliza muchas palabras provenientes del inglés, que se podrían traducir a nuestro idioma, la RAE (Real Academia Española), en la última actualización de su diccionario ha incluido más de mil palabras provenientes del habla sajona. Hay muchos escritores y periodistas que aseguran que estos términos que son incluidos en el diccionario de la RAE, en pocos años serán sacados de allí porque dejaran de utilizarse.
Por otro lado, lo más alarmante de todo esto es que se puede observar esta problemática en lugares que deberían jactarse por ser proveedores de una buena utilización de las normas gramaticales y del vocabulario.
En el foro del programa “El Monitor”, del canal Encuentro del Ministerio de Educación, muchos profesores hablan sobre el tema, uno de los ejemplos es Mónica que dice: “Soy docente de matemática de una universidad nacional, en primer año. En mi experiencia con estos estudiantes encuentro dos cosas respecto del uso del lenguaje: por una parte hay un severo empobrecimiento del vocabulario, lo cual sí me parece un punto sobre el cual prestar atención a lo largo de la formación de los estudiantes; y por otra, una “variación” en los códigos de comunicación en los adolescentes respecto de lo que se considera un lenguaje “correcto”.
Pienso que una cuestión a lograr en la escuela es formar personas capaces de expresarse con propiedad, para lo cual es necesario que puedan adquirir una mayor riqueza de vocabulario y un conocimiento suficiente de las estructuras del lenguaje. Pero para esto hay que sentir la necesidad de hacerlo.”
Por otro lado asegura: “Sin embargo no estoy tan segura de que sea bueno evitar que los nuevos códigos de comunicación y variaciones del lenguaje que los estudiantes usan en su cotidianeidad en la calle, en sus casas, con sus pares, entren en el ámbito de la escuela.
Lo que claramente tiene que cambiar es la escuela. Sus códigos, sus medios, sus estructuras y sus “usos y costumbres” están permitidos. Los docentes no logran comunicarse con los estudiantes, pero no debido a diferencias de lenguaje, sino debido, pienso yo, a que no se logra mostrar la necesidad de un enriquecimiento del vocabulario y hay una enorme pérdida del conocimiento como valor. Para mí ahí está el meollo de la cuestión. Si el conocimiento es un valor, poseerlo es bueno. Sino, para qué hacer el esfuerzo. Es un problema social. Es cómo somos.”
Otro de los comentarios lo realizó Verónica Campos y dijo: “Este tema me toca muy de cerca, soy maestra de segundo año y quinto año de EPB y maestra de adultos en tercer ciclo. Es difícil la enseñanza de la lengua escrita en las escuelas en que trabajo, como dice la compañera el vocabulario es muy pobre y es alarmante ver los problemas del lenguaje que tienen los chicos; compré material para poder mejorar mis clases pero creo que debe haber otra forma para que los maestros que no fuimos preparados para atender esta clase de problemática recibamos ayuda; el gabinete de la escuela no alcanza. Seria viable un equipo médico en las escuelas, es decir una fonoaudióloga, una psicopedagoga, un médico pediatra (por los problemas respiratorios).” También agregó: “Pero ¿qué vamos a hacer? Quedarnos reflexionando sobre este tema, creo que no es el camino, debe haber estrategias de cambio, permitir a las personas expresarse, en un primer momento como puedan y acercarles los elementos (y la confianza necesaria, con una adecuada expresión corporal) para que vayan desarrollando sus posibilidades de comunicarse tanto en lo oral como en lo escrito. Los elementos que nos permiten hacer eso no están disponibles en todas las escuelas. Además, falta el asesoramiento para los casos de resfríos constantes, problemas de articulación del lenguaje, disgrafías, etc. Ustedes dirán que son casos aislados y yo les digo que no, en un grupo de 32 alumnos de segundo año, 14 tienen algunos de estos problemas y ¿cómo hacer para adaptar actividades que no aburran a los otros 18?
Yo creo que hay un cambio en la forma de encarar la enseñanza de la lengua, como instrumento de comunicación y de posibilidades de transformación del propio entorno de mejorar la calidad de vida de los usuarios de la lengua, hablamos de apropiado y no de correcto o incorrecto, explicamos o preguntamos que quiere decir cada palabra que creemos nos es correcta en determinado ámbito, llamamos a la reflexión.”
Por el lado del gobierno, en los años 2005 y 2006 se realizaron en la provincia de San Juan los “Encuentros Comunitarios de Escritores: Entretejiendo desde el saber de las palabras”, donde hubo conferencias, encuentros, recitales, etc. Estos encuentros se declararon de interés cultural por la Cámara de Diputados de la Nación. Concretar estos encuentros comunitarios fue la única forma de lucha por parte del gobierno para combatir la pobreza del vocabulario y el promover la lectura en la población.
En el 10º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura de 2005 en Resistencia, Chaco, fue entrevistado el escritor Mempo Giardinelli quién reflexionó sobre el tema diciendo: “se trata de un problema educativo y el problema educativo es un problema político. Político, económico, social y el Congreso de la Lengua realizado en Rosario en el año 2004, sirvió afortunadamente para que todo el país se preguntara qué pasa con la lengua, porqué es tan importante.” En otro momento de la entrevista le preguntan si el empobrecimiento lingüístico se observa solo en las grandes ciudades o también en el interior, allí Giardinelli responde: “El empobrecimiento activo y militante esta dado sobre todo en los sectores urbanos, en donde las posibilidades de acceso a la tecnología se da descontroladamente, pero también en los sectores rurales de la Argentina el empobrecimiento tiene que ver no sólo con la falta de acceso a la tecnología sino a una educación consciente del Estado; es un modelo muy complejo. También está vinculado un deterioro de la educación que recién ahora se está revirtiendo y creo que nunca podremos medir el nivel de deterioro como resultado de la destrucción de la última década.”
Este complejo no deja de lado a los medios de comunicación, tanto la televisión, la radio y el medio escrito son victimas del empobrecimiento del lenguaje. El director de la agencia de noticias EFE, Alex Grijelmo, se encuentra cada vez más preocupados por la situación que está sufriendo la lengua española en este momento. Dice, también, que hay una incomunicación creciente entre el público y los periodistas.
En 2004 la Academia de Letras recriminó al Comfer por la mala utilización del lenguaje cuando los medios deben ayudar a la fomentación de la cultura.
Finalmente, nuestro lenguaje se va deteriorando lentamente, por una u otra causa, pero lo que hay que lograr es fomentar la utilización de las palabras como corresponden, la lectura en todos los sectores y niveles y sobre todo proteger la educación, que es la mayor responsable de todo esto.
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